EL RAMO DE MOZAS

De madrugada, mientras el resto del pueblo estaba descansando plácidamente en brazos de Morfeo, pandillas de mozos se acercaban con sigilo hasta las casas de las muchachas solteras para colocar en la ventana o en el balcón (con mayor frecuencia en la ventana, porque eran pocas las casas que tenían balcón) una rama de chopo con hojas, arrancada de los árboles del valle. 

Para encaramarse al balcón, aquellos jóvenes utilizaban una escalera de mano. Ataban el ramo a los barrotes de hierro del balcón o en la ventana con un cordel. Y, al amanecer, la muchacha descubría el ramo, que constituía una prueba de que algún joven del pueblo albergaba interés por ella o ambicionaba ser su novio.

Una señora de Castrotierra contaba que no siempre el ramo colocado por el galante Romeo embozado en la oscuridad nocturna llegaba intacto al alba. En ciertas ocasiones, si la muchacha ya tenía pretendiente, éste, a escondidas, retiraba del balcón el ramo depositado por su rival, antes de que amaneciera.

Y no era la única sorpresa con que podían tropezar los noctámbulos. Algunas mozas permanecían despiertas hasta la aparición de la pandilla con los ramos y, justo cuando ellos se encontraban atando el ramo, las chicas a modo de refrescante broma, les lanzaban un jarrón de agua.

El tamaño de la rama iba cargado de significación. Y lo interpretaban de esta manera: cuanto más grande era la rama de chopo, mayor era también el afecto que sentía el novio por su novia.

Tomás Lozano, en paz descanse, hace una magnífica descripción del ramo de mozas, tal como se llevaba a cabo en Castrotierra, su pueblo natal: "La siguiente fiesta era el domingo después de cenar, bajábamos al plantío que tenía el Ayuntamiento en el Ladaruso, a cortar ramos y los subíamos, arrastrándolos hasta el pueblo para ponérselos a las mozas en las ventanas, porque balcones había muy pocos. El que tenía novia o una moza preferida, solía ponerle el mejor ramo. También había rivales que a veces tenían enfrentamientos (el novio le ponía a la novia el mejor ramo y por la noche el rival se lo quitaba y lo cambiaba por uno malo, para que la novia se enfadara con el novio por haberle puesto ese ramo birrioso). Pero, eso sí, ninguna moza del pueblo se quedaba sin su ramo".

Además de poner ramos en las casas donde vivían las mozas, se colocaba un ramo en la puerta de hierro de la iglesia de Castrotierra, exactamente en la parte superior que tiene forma de arco. Preguntamos a un protagonista de aquellas rondas nocturnas, un hombre que vivió en el pueblo durante toda su juventud, el porqué de situar una rama a la entrada del templo parroquial. La respuesta fue que no sabían el origen ni el significado de lo que estaban haciendo: era lo acostumbrado, siempre se había hecho así. 

En el vecino pueblo de Matallana de Valmadrigal encontramos una hipótesis explicativa. Al igual que en Castrotierra, en Matallana colocaban (y siguen colocando) una rama de chopo en la puerta de la iglesia. En un escrito titulado "Tradiciones populares. Ayuntamiento de Santa Cristina" (2001) elaborado por María Luisa Boró y María Emilia Prado se dice: "es costumbre que la primera moza en recibir el ramo sea la Virgen María a la cual se lo colocarán en la puerta de la iglesia".

Con respecto al sentido profundo de esta tradición tan extendida, James G. Frazer, el influyente antropólogo y folclorista escocés, afirma: "La costumbre corriente en Europa de poner una rama verde el día primero de mayo ante o sobre la casa de la doncella amada, se originó probablemente de la creencia en el poder fertilizante del espíritu del árbol".

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