"VAMOS AL HILORIO"

Al igual que en otros pueblos de León, en Castrotierra de Valmadrigal se celebraban con asiduidad reuniones de vecinos conocidas bajo el nombre de "hilorios".

Después de cenar y durante las primeras horas de la noche hasta las doce o la una se reunían en la cocina, al calor del fuego de la chimenea, grupos de vecinos y vecinas en diferentes casas del pueblo para entretenerse jugando a las cartas, platicando amigablemente o bailando al son de un laúd, un acordeón o una guitarra.

Nos remontamos a una época en la que determinadas fórmulas de recreo y esparcimiento modernas no existían. El medio rural apenas contaba entonces con cines o teatros y la televisión, hoy en día omnipresente, aún no había aparecido.

Según los comentarios de personas que asistieron en su juventud a los hilorios: "se cosía mucho a la luz de un candil". La denominación de estas reuniones vecinales de marcado tinte social, donde rara vez faltaba el huso y la rueca y que tenía lugar en muchas casas del pueblo simultáneamente, está relacionado con "hilos", ya que "hilar y coser" era una de las principales actividades que se realizaban en los hilorios.

Había una diferenciación entre hilorios de jóvenes y de personas mayores de tal modo que en unos dominaba la presencia juvenil y a otros por lo general acudía gente mayor.

Los hilorios o velorios, como es lógico, eran frecuentes sobro todo en otoño e invierno, cuando llegaba el tiempo desapacible y se hacía más vida en el interior de los hogares.

Bernardo Rodríguez Fernández dedica varias páginas de su libro "Breve historia de Cea" (1956) a la descripción de los hilorios en dicha localidad: "Es en el mes de noviembre, después de los días de Todos los Santos y de Difuntos cuando las familias se reúnen en sus hilorios en plan de sociedad y para hacer menos aburridas las largas horas de las noches invernales (...) se venían celebrando en casi toda España en los tiempos de nuestros antepasados hasta que las nuevas corrientes de convivencia social marcadas por un nuevo modo de vivir más agitado y más individual las han ido arrinconando (...) en los hilorios lo más importante que se hacía era hilar lino y lana las mujeres. Los hombres hacen escriño y barriles, arreglar aperos de labranza y jugar a las cargas. Los jóvenes hacer juegos y contar chistes de gusto rural. Eran muy frecuentes los hilorios que terminaban con un festival de baile, sobre todo los sábados".

La costumbre de celebrar hilorios trasluce un espíritu comunitario, presente así mismo en el uso de terrenos comunales y en otras tradiciones campesinas. Los hilorios sirvieron, de hecho, para robustecer los lazos de unión entre las personas que pertenecían a todas aquellas poblaciones agrícolas, pastoriles y ganaderas anteriores a la gran emigración hacia zonas urbanas que se produjo en España a mediados del siglo XX.

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