LA FIESTA DE SAN ANTÓN

La festividad de San Antón dejó de celebrarse en Castrotierra hace aproximadamente treinta años. No obstante, tras una paciente labor de recopilación de datos, los recuerdos de los ancianos del pueblo han permitido reconstruir por escrito cómo se desarrollaba aquella fiesta en la que los protagonistas principales eran sin duda los animales del pueblo, sus jóvenes dueños y el santo.

El día de San Antón unos cuantos jóvenes se presentaban ante la puerta de la iglesia de San Pedro, montados a caballo o en borrico, con más frecuencia a lomos de un borrico, ya que prácticamente todos en la aldea tenían un ejemplar de este animal. Después justo delante de la iglesia, ordenadamente, de uno en uno y sin bajarse en ningún momento de su asno, "echaban el refrán",

La letanía dirigida al santo comenzaba así:


"Oh glorioso San Antón

Santo mío y abogado

lo que te vengo a suplicar

lo tengo bien estudiado"


Acto seguido, los mozos relataban historias ocurridas durante el año, discusiones con novias, vecinos o amigos, anécdotas del trabajo, o cosas que les hubieran ocurrido con animales.

Después de la exposición del problema  que les aquejaba o del hecho que quisieran relatar, los mozos participantes en la celebración a veces imploraban al santo la protección para el animal sobre el que cabalgaban:


¡Oh! Glorioso San Antón

aquí te vengo a suplicar

que me guardes este borrico

que es lo más principal".


Había una señora encargada de inventar los versos, súplicas y "refranes"  que luego recitarían los jóvenes.

Gracias a la colaboración de Maximino Pérez Cancelo, de 68 años nacido en Castrotierra, tenemos la posibilidad de conocer un "refrán" completo, tal como se cantaba al santo:


"¡Oh! Glorioso San Antón

santo mío y abogado

lo que te vengo a decir

lo traigo bien estudiado.


Con la burra y la carguilla

el tajo y el cuchillón

me voy ganando la vida

como la ganaba el ratón


Las mujeres de Grañeras

como son tan "reguñonas"

lo que valía dos reales

lo quieren a perrona


Dejemos las Grañeras

y empecemos con el Burgo

la hija del frejolero

mordió el rabo a mi burro


Adiós San Antón adiós

hasta la vuelta de otro año

que te venga a visitar

con este mismo asno"


La visión de la fiesta que acabamos de exponer se basa en las descripciones realizadas por personas en torno a los 75 años. Sin embargo, los ancianos del pueblo que se aproximaban a los noventa años o los superaban describían un día de San Antón mucho más vital y festivo, un día de San Antón que ellos alcanzaron a conocer en su juventud y en el que intervenían treinta o cuarenta jinetes de varias localidades (Castrotierra, Vallecillo, Castrovega...), todos arremolinados ante la puerta de la iglesia y subidos a lomos de machos, burros y caballos.

Los animales, que iban adornados con cintas en las orejas, llevaban una vistosa colcha a modo de montura, aparte del "bocado" de hierro junto con las riendas. Los jóvenes, por su parte, llevaban sombrero, se embadurnaban la cara con un corcho quemado y trazaban un círculo blanco alrededor de sus ojos. Cuando los mozos habían terminado de echar su refrán delante de la iglesia de Castrotierra dirigían los pasos de su cabalgadura por ejemplo hacia Vallecillo y después hacia otras aldeas del contorno, cumpliendo así una especie de ruta o itinerario. Durante todo el día de San Antón los muchachos recorrían los pueblos de la zona impulsados por el entusiasmo juvenil y un incontenible deseo de divertirse.

Existe un relato escrito que resume algunas de las características de la fiesta de San Antón tal como se desarrollaba en Castrotierra: "El día de San Antón, 17 de enero, los chavales y monaguillos salían por el pueblo a "sacar para el santo"; la mayoría daban manos de cerdo, huevos y dinero, que a veces se subastaba o se quedaba el sacerdote con ello y era para el culto del santo. Ese día era medio fiesta, había misa y, a la salida, en la puerta de la iglesia, se bendecían los animales y se "decían los refranes" o poesías rurales. Los que los recitaban iban con caballos o borriquillos engalanados y la bota de vino colgando; de vez en cuando paraban de recitar y echaban un trago".

Aprovechando los "refranes" que ha recogido en sus escritos. Tomás Lozano, podemos hacer una clasificación según su contenido, no exento de exageraciones y concesiones a la fantasía, pero generalmente inspirado en hechos ciertos.


De criados:

¡Oh, glorioso San Antón!

hoy diecisiete de enero,

con tantas lluvias y hielos

trabajar no podemos,

los amos están enfadados

nosotros bien lo conocemos

con los ojos de la cara

levantamos los torreznos,

pero ya llegará el verano

y todo lo pagaremos


A la madre:

A tí San Antón benito

de corazón te lo pido,

a la Santa que me dio el ser

cuídamela como a nadie,

que no me falte el calor

ni el cariño de la madre,

tú fuiste el más limpio amor

con ninguno comparable,

tu ternura al perdonar

por mucho que se te agravie


De novios:

¡Oh glorioso San Antón!

yo te vengo a suplicar

que le animes a mi novia,

porque me quiero casar

tengo la cama vacía

y la camisa sin lavar.


Todo aquel ritual que se desarrollaba en Castrotierra a la entrada de la iglesia el día de la festividad de San Antón estaba envuelto, desde el inicio hasta su etapa final, en una atmósfera de diversión, sana jovialidad, broma, chanza y alegre desenfado, muy lejos de cualquier solemnidad.

Ya en la última fase de la celebración, los jóvenes que habían recitado los "refranes" pedían por el pueblo algo de comida para organizar una merienda que ponía el punto final a la fiesta dedicada al célebre santo protector de los animales.

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