MORTANDAD INFANTIL
Como es sabido, en las primeras décadas del siglo XX la mortalidad infantil alcanzaba niveles muy elevados. No sólo fallecían niños durante el parto, sino también durante la etapa de la infancia. Conviene tener en cuenta así mismo el considerable número de fallecimientos entre adolescentes y jóvenes. Lamentablemente, las enfermedades mortales irrumpían de manera siniestra e implacable en cualquier fase del proceso de crecimiento.
Las enfermedades más frecuentes que ocasionaban la muerte a los niños en Castrotierra se incluyen en esta lista: diarrea, fiebre tifoidea, " viruela loca" (que si no se curaba bien pasaba a ser "viruela negra", acompañada de hoyos y señales profundas en la piel de la cara), "escarlata", meningitis, sarampión (también llamado garrotillo) y el apendicitis o "cólico miserere".
Los que sobrevivían a estas enfermedades tenían que pagar a veces un precio alto de por vida en forma de secuelas. Hace muchos años -los informadores no sabían precisar la fecha- en el breve espacio de una semana una epidemia de sarampión que asoló el pueblo dejó ciego a un niño, sordomudo a otro y a un tercero sordo y tartamudo. Cuando venía una epidemia las campanas de la iglesia tañían en sonido de "gloria" con desoladora insistencia anunciando la muerte de niños.
En el pueblo se recuerda el caso de una mujer llamada Genoveva Rodríguez, que dio a luz a trece hijos de los cuales, como ya se ha dicho en el capítulo anterior, sólo cinco alcanzaron la edad adulta. Hubo otra madre en Castrotierra que llegó a tener nada menos que diecinueve vástagos; por desgracia la mitad de ellos no fue capaz de sobrevivir a la niñez.
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