VOLTEAR LAS CAMPANAS

 Las dos campanas que albergaba la torre antigua eran volteadas por un par de jóvenes elegidos entre los más fuertes de Castrotierra. La empresa de hacer girar las enormes y pesadas campanas de bronce no estaba exenta de riesgos. Ente esos riesgos cabe mencionar primero el deterioro de la escalera de madera, muy empinada, o mejor dicho, empleando un término común esta localidad, muy "pindia", en segundo lugar el gran tamaño de las campanas, especialmente el de mayor y, por último, el mal estado general de conservación del campanario. Pese a todas estas dificultades e inconvenientes, los esforzados mozarrones, empleando los brazos e incluso las piernas, si era preciso, conseguían voltear las campanas en un alarde de habilidad, destreza y fuerza muscular. Aquellas maniobras de volteo -es decir, giros completos de 360º- sin lugar a dudas causaban admiración en quienes las contemplaban desde "tierra firme" y resultan más admirables si pensamos que realizaban a bastantes metros de altura al extremo superior de la torre.

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