EL LABRADOR CIEGO
En la aldea de Castrotierra vivía un labrador ciego que había perdido la vista en su niñez probablemente a causa de la enfermedad del sarampión. Dicha patología y su consecuencia: la pérdida de visión, una desgracia para cualquier persona, le sobrevinieron mas o menos a principios del siglo XX.
A pesar de esta minusvalía física, no se dejó amilanar por tal impedimento ni se desmoralizó, ya que realizaba con cuidado y eficacia casi todas las labores del campo: podaba las viñas, trillaba sobre un trillo tirado por caballos, atendía al ganado y elaboraba vino en su bodega, excavada en la colina sur de "el castillo" .
Al semejanza de cualquier agricultor local, cuando llegaban las primeras lluvias de otoño llevaba a cabo la siembra. En invierno, por lo general, se paralizaban muchas tareas agrícolas. Ya en plena estación primaveral, este labrador afincado en Castrotierra se dedicaba a arreglar las viñas haciendo uso de un "zoleto".
El estío era el tiempo de recolección y siega; así que este hombre recolectaba los frutos que habían generado sus tierras. A finales de septiembre y primeros de octubre, los campesinos que habían plantado viñas, entre ellos nuestro labrador, recogían la uva durante la vendimia.
Según descripciones y testimonios realizados por sus descendientes, pese a las limitaciones, aquel agricultor invidente se encargaba de organizar con prontitud a la par que eficiencia el reparto de las faenas en las que participaban diversos miembros de su familia.
Él y su esposa colocaban la paja en el interior del carro cuando se encontraban en las tierras de labranza. Uno de sus hijos conducía el carro desde los terrenos cultivados hasta el pueblo. Y otro introducía la mies en el pajar a través del "bocarón" (el ventanón del pajar) con ayuda de una "garia" o bieldo ampliado provisto de cinco dientes.
La ceguera no le impedía en absoluto distinguir el valor de cada una de las monedas que pasaba por sus manos y era capaz de averiguar con asombrosa precisión la edad de una vaca, un jato o un choto acariciando su lomo varias veces o pasando su mano lentamente por sus cuernos. Al parecer, cada año que cumple el animal deja en la superficie de la cornamenta una señal, una leve rugosidad, en forma de líneas onduladas, perceptibles al tacto.
¿Cómo se explica esto? El hombre desarrolla un tanto por ciento de sus capacidades pero no el total de las mismas. Y cuando hay una minusvalía en un órgano o miembro determinado, otros miembros tienden a suplir tales carencias y se desarrollan de manera extraordinaria. De ahí que, cuando falla la vista, el oído o el tacto, la capacidad o la sensibilidad de otros sentidos u órganos se potencien bastante con el fin de compensar la falta que se hubiera producido.
Larga y nutrida era la retahíla de anécdotas que se narraban, en el pueblo y en las demás aldeas cercanas, sobre las sorprendentes habilidades, mañas y destrezas de nuestro querido personaje, sin duda alguna un ejemplo admirable de superación para quienes le conocieron personalmente y apodado en aquel entonces y hoy todavía recordado por los lugareños como Paco "El Ciego de Castrotierra".
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