EL PAISAJE DE CASTROTIERRA
Hemos decidido hacer una aproximación al entorno paisajístico de Castrotierra, dejándonos guiar por la sensibilidad de Quinty Gonzales, quien a menudo ha evocado en sus novelas y poemas la naturaleza que circunda a su pueblo natal. Las siguientes frases y versos están inspirados en varias obras del escritor, que a través de percepciones poéticas refleja mejor que con una prosa fría y objetiva la belleza del paisaje.
Como una mujer,
se despereza la mañana.
El amanecer en la cristalina fuente se lava,
y camina despacio, la zarza desgrana
y, grácil, cruza el arroyo,
mojándose un poco los pies.
Qué fresca está la hierba
se han renovado los árboles, sus hojas,
el lirio también y la amapola.
Por la tarde el viento cautivo
no cesa de revolotear entre las ramas,
envueltas en sedas tejidas
con hilo blanquecino,
sedas sutiles que se balancean.
Cuando ya se aproxima la noche,
el aire trae el suave aroma de los prados,
la luna derrama su luz tenue y encantadora
sobre los campos de la aldea.
Lugar donde nací, de ensueños
e inspiración que manan
de forma espontánea,
lugar donde nací,
siempre en mi memoria
tu imagen querida ha permanecido.
(...)
Los prados cubiertos de amapolas,
vestidas con galas rojo carmesí,
arbustos de romero en flor,
a veces descubría un poco sorprendido
discretos caracoles
entre briznas de hierba.
Y me preguntaba: ¿qué hacen ahí,
tan escondidos?
En las aguas del arroyuelo de Valmadrigal
se bañaban los rayos de la aurora,
después, en las orillas, la brisa
hacía sonar las verdes juncias,
cual si fueran instrumentos musicales,
trasladando un melodioso eco
a muchos rincones del valle.
En la lejanía del paisaje,
al final de la cañada pastaba en calma
un rebaño de animales.
Reseca la vereda,
viaja a lomos de la brisa
un aroma a tomillo, su esencia.
La tarde solitaria,
oír cómo la zarza se quebraba.
Quizá unos chiguitos
se han escondido en el trigal,
¿quién anda entre las altas espigas
repletas de grano?
Los chopos del plantío,
de anciana y venerable madera .
El puente del río,
el musgo, el negrillo.
Allá chirría del grillo,
de la cigarra el zumbido.
En la hiedra sinuosa
y su ramaje ascendente y tenaz,
la verdad, no sé bien porqué,
en la hiedra encuentro inspiración
para imaginar bellos romances.
Un manantial brioso
regalaba su melodía natural
al atardecer.
Un manto de tinieblas va descendiendo
y se inicia de este modo la noche.
(…)
Al alba y en cada amanecida,
recuperar la belleza perdida
es lo que anhelo.
Que el sentimiento humano
vuelva a mi corazón,
propiciado por la paz de este remanso.
Paseo entre chopos y zarzas,
cerca de una familia de almendros con ramaje
engalanado de frutos.
El puro invierno
el aguacero, el barro en las calles,
bien lo recuerdo,
aquellas madreñas, el charco.
Y el riachuelo de nombre Lagaruso,
más caudal traía, en época de lluvias,
veloz, triste y un tanto turbio.
Copos de Siberia,
un frío helador, ventiscas,
colosales nevadas,
ya no nieva tanto como antaño.
Rocío de mayo,
aromática tierra mojada,
la inofensiva violeta,
mata de menta.
Sé que comparte la flora
una armonía indescifrable,
mágica y secreta.
Ocultos manantiales
lejanos cañaverales
zarzales dibujados en maraña.
Lugar en que nací,
tus parajes tranquilos,
que parecen eternos,
cambiando, sí,
pero volviendo pronto
a ser ellos mismos,
en un ir y venir,
en el que se cumplen
ciclos y retornos acompasados.
Cuánto perdieron quienes,
desertando en un intento de mejora,
buscando con denuedo la prosperidad.
Se olvidaron, sí, se olvidaron por completo
del entorno de los rodeó, de su belleza,
de aquella naturaleza eterna que les acunó,
como una madre paciente y amorosa,
al principio de su existencia.
(...)




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