LA CONSTRUCCION DE LAS CASAS DE BARRO

La arquitectura del barro, como acertadamente denominó el destacado antropólogo y estudioso de las tradiciones José Luis Alonso Ponga, es una forma de construir que tiene en la tierra su base y fundamento, ofreciendo en Castrotierra numerosos exponentes.  

La construcción de estas casas típicas de Tierra de Campos era dirigida por un experto albañil. Sus obras demuestran que estos constructores rurales especializados en levantar casas de barro eran hábiles artesanos. Tras la realización de indagaciones  y preguntas a los ancianos que aún viven en los pueblos de la zona, el resultado de las pesquisas fue que este tipo de casas en Castrotierra había sido edificada por un maestro de obras llamado "Justo", proveniente de Villeza. Aunque los ancianos entrevistados también recordaban a otro constructor procedente de Castrovega, ambos excelentes conocedores de su oficio.

Era habitual que en estas tareas de albañilería participaran familiares del dueño de la futura vivienda. Primero, el grupo de colaboradores bajo las órdenes del albañil hacía los "lizares", es decir, los cimientos de la casa. Después, introducían tierra, piedras, paja y escombros dentro de una especie de cajón compuesto por varias piezas, al que llamaban "tapiales". Acto seguido, la masa de barro era aplastada, golpeada y apisonada mediante unos  mazos de madera con mango bastante largo llamados "pisones". 

El mencionado cajón era desmontable. Cada una de las tablas o "tapiales" que lo componían encajaba perfectamente unas en otras y sus piezas se articulaban de modo tal que se podía hacer y deshacer las veces que fuera necesario. Tras levantar un "cincho" o segmento de pared siguiendo los pasos que acabamos de explicar, el tramo se dejaba secar durante una semana aproximadamente. A continuación, sobre el tramo que ya se había secado y por tanto ganado una sólida rigidez, se montaba otra vez el cajón de marras y se volvía a llenar de tierra, piedrecillas y paja, todo ello humedecido con agua. 

El cajón se montaba una y otra vez y  el tramo de barro siguiente hacia arriba se apoyaba encima del tramo anterior ya seco. Una vez perfectamente secas las nuevas hiladas, cuyas líneas en forma de orificios son visibles hoy día en muchas paredes de barro. 

El siguiente párrafo reúne otros aspectos que conviene mencionar sobre la construcción de las casas de barro. Para transportar la tierra hasta los niveles superiores, los albañiles y ayudantes utilizaban cestos que llevaban al hombro, mientras subían por una escalera. Sobre las paredes de barro compacto, apelmazado y presionado a golpe de "pisón" descansaba todo el armazón de vigas, maderas y tejas. 

Por lo general, se tardaba más de un año en terminar una vivienda de barro. Asombra observar la robustez de estas paredes, habría que decir con más propiedad muros dado su grosor, en promedio 70 cm de anchura, que formaban la estructura de estas viviendas y pajares. En corrales, palomares, cuadras y otras dependencias auxiliares la anchura de las tapias o tabiques puede ser menor que la citada.  

Como es sabido, las casas de barro, con sus muros macizos y anchurosos, producen el "efecto cerámica", en virtud del cual en los meses frío se conserva muy bien el calor generado por el fuego de la chimenea o transmitido por los rayos solares. Y en verano, tienen la propiedad de conservar el fresco en las estancias interiores de forma constante.

Algunas de estas casas muestran ventanas diminutas e incluso puertas principales de entrada pequeñas, con el dintel de madera bastante bajo. Se hacían así para evitar que entrara el frío del exterior y para retener mejor el calor que pudiera haber dentro de la casa . Hoy en día, estas antiguas casa de tierra se suelen revestir con ladrillo, a fin de darles mayor durabilidad. 

La resistencia de este tipo de casas es proverbial. En contra de lo que pudiera pensarse a primera vista, la tierra tratada de la manera que hemos descrito forma una masa compacta, de extraordinaria solidez, capaz de resistir las inclemencias y rigores del clima norteño, que no es poco decir: heladas, viento recio, aguaceros, vendavales de nieve, tormentas de  granizo... y, lo que aun mas difícil, el paso de los años.

En cuanto a su mantenimiento, solo es necesario dar un "capacho" muy de vez en cuando, es decir una mano de barro sobre la superficie de las fachadas cuando éstas acusen desgaste debido a la presión del viento, hielos, etc. Pero las inclemencias del tiempo no afectan a la estructura interna del muro, que se mantiene generalmente intacta.

No conviene olvidar que estos muros contienen bastante cantidad de piedras de muy diversos tamaños, añicos de teja, tallos de espigas, granos de paja, trozos de ladrillos cocidos, huesecillos y cantos rodados, que mezclados con la tierra prensada forman una especie de argamasa de considerable dureza. Esta  argamasa hecha con tierra y un sinfín de otros materiales de pequeñas y medianas dimensiones, unidos en amalgama, es  uno de los motivos principales que explica su firmeza y durabilidad.

Apenas hay información concreta sobre la antigüedad de  las casas de Castrotierra, donde vivieron los antepasados de los castroterrenses  por generaciones. En el catastro oficial, a falta de registros y documentos que aporten información fiable,  se data con frecuencia la edificación de estas casas, de forma imprecisa y muy genérica,  en el siglo XIX.

Algunas de estas construcciones podrían tener quizás cien, ciento cincuenta o doscientos años. La quema, la desaparición o venta de documentos tales como registros, herencias, etc. nos impiden hoy día datar con exactitud estas casas. Lo que sí se puede afirmar con seguridad es que estos peculiares edificios, tan pintorescos y definitorios de la cultura comarcal terracampina, poseen un encanto innegable, evocan tradiciones con un origen remoto y nunca dejarán indiferentes a los amantes de la arquitectura rústica. 







Comentarios

Entradas populares de este blog

INTRODUCCIÓN

CASTROTIERRA DE VALMADRIGAL

LA ELECTRICIDAD LLEGA A CASTROTIERRA