Entradas

Mostrando entradas de julio, 2024

LA LISTA DE LOS CARROS

  Dentro de una carpeta llena de documentos de diversa antigüedad acerca de Castrotierra apareció una hoja mecanografiada con el título: "LISTA DE LOS CARROS". Esta hoja, sin fecha pero datable en torno a la década de los años sesenta del siglo pasado, probablemente tenía que ver con algún tipo de impuesto o tributo. En ella figuran los nombres de 54 vecinos del pueblo propietarios de carro, ordenados según la situación de sus viviendas. Los primeros vecinos citados vivían en el extremo del pueblo, donde se encuentra el "Barrio Arriba". Llama la atención la frecuencia con que aparecen los apellidos Paniagua, Santos, Rodríguez y Bajo, todos ellos presentes ya en Castrotierra en el año 1752, como sabemos por el Catastro del Marqués de la Ensenada. Efrén Paniagua, Ángel lozano, Tomás Lozano, Leandro Bajo, Eladio Merino, Justiniano Gallego, Sixto Castellanos, Leónides Paniagua, Santiago Pérez, Raimundo Bajo, Salvador Barreales, Marcelo Paniagua, Jesús Chico, Benigno San...

LAS NEVADAS

Hace sesenta años en Castrotierra nevaba mucho más de lo que nieva actualmente. Durante el invierno se producían nevadas que duraban hasta cuatro o cinco días. Las sucesivas capas blancas se iban acumulando en las calles. A veces, para ir desde una casa hasta otra cercana era necesario abrir caminos con palas. Y lo mismo sucedía en la zona de las bodegas. El paso hacia las bodegas quedaba obstaculizado por la nieve de tal manera que también había que retirarla mediante el uso de palas. Los caballos no podían beber en los abrevaderos porque una capa de hielo lo impedía. Era menester agujerear la superficie congelada golpeándola con un pedrusco y, una vez hecho un agujero, los animales ya podían saciar su sed. De las canaletas de los tejados de Castrotierra durante la época invernal pendían "chupiteles" (témpanos de hielo) largos, gruesos y macizos, contra los que a veces los niños lanzaban cantos para divertirse y probar su puntería, al tiempo que intentaban derribar alguno de...

TRAVESURAS INFANTILES

  Por la noche la chiquillería del pueblo a veces decidía en espontánea asamblea ir a robar uvas a los majuelos que había alrededor de Castrotierra. Algunos niños se negaban a que los demás fueran a robar racimos de uvas a los viñedos de sus progenitores. Pero los cabecillas, para prevenir y evitar de forma contundente cualquier atisbo de rebeldía, ordenaban comenzar la "sustracción" precisamente por las viñas que pertenecían a los padres de los protestones. Otra travesura consistía en las riñas y peleas entre grupos de niños que vivían en barriadas distintas. Los del "Barrio arriba", (también llamado el Perché y situado donde está la calle de Santa María) se enfrentaban con los enfrentamientos se reducían a simples escaramuzas, lanzamientos de algunas piedras y rifirrafes sin consecuencias. En pago de sus diabluras, durante una fiesta de San Marcos por la noche unos vecinos pidieron a un grupo de niños bastantes traviesos que, por favor, fueran a buscar leña a casa...

VOLTEAR LAS CAMPANAS

  Las dos campanas que albergaba la torre antigua eran volteadas por un par de jóvenes elegidos entre los más fuertes de Castrotierra. La empresa de hacer girar las enormes y pesadas campanas de bronce no estaba exenta de riesgos. Ente esos riesgos cabe mencionar primero el deterioro de la escalera de madera, muy empinada, o mejor dicho, empleando un término común esta localidad, muy "pindia", en segundo lugar el gran tamaño de las campanas, especialmente el de mayor y, por último, el mal estado general de conservación del campanario. Pese a todas estas dificultades e inconvenientes, los esforzados mozarrones, empleando los brazos e incluso las piernas, si era preciso, conseguían voltear las campanas en un alarde de habilidad, destreza y fuerza muscular. Aquellas maniobras de volteo -es decir, giros completos de 360º- sin lugar a dudas causaban admiración en quienes las contemplaban desde "tierra firme" y resultan más admirables si pensamos que realizaban a bastante...

"IBAN A CIGüEÑINES"

  En general, los moradores de Castrotierra respetaban las crías de cigüeña que tenían su nido sobre el tejado del antiguo campanario. Existía la creencia de que las aves que devoraban culebras eran sagrados como el ibis egipcio. Según tal creencia -de clara raigambre bíblica-, este carácter sagrado daba protección no era completa. En contra de la conducta más habitual y extendida entre los habitantes del pueblo, unos pocos vecinos "iban a cigüeñines", aprovechando los momentos, las horas y las circunstancias en que las probabilidades de ser descubiertos se reducían al mínimo. En la época de cría de la cigüeña, los cazadores subían a hurtadillas hasta la parte más alta de la torre de la iglesia, ascendiendo muy sigilosamente, peldaño a peldaño, por su frágil escalera de madera y, una vez allí, conseguían  alcanzar el nido de las cigüeñas ubicado sobre un lateral del tejado, muy cerca de la veleta.

MORTANDAD INFANTIL

  Como es sabido, en las primeras décadas del siglo XX la mortalidad infantil alcanzaba niveles muy elevados. No sólo fallecían niños durante el parto, sino también durante la etapa de la infancia. Conviene tener en cuenta así mismo el considerable número de fallecimientos entre adolescentes y jóvenes. Lamentablemente, las enfermedades mortales irrumpían de manera siniestra e implacable en cualquier fase del proceso de crecimiento. Las enfermedades más frecuentes que ocasionaban la muerte a los niños en Castrotierra se incluyen en esta lista: diarrea, fiebre tifoidea, " viruela loca" (que si no se curaba bien pasaba a ser "viruela negra", acompañada de hoyos y señales profundas en la piel de la cara), "escarlata", meningitis, sarampión (también llamado garrotillo) y el apendicitis o "cólico miserere". Los que sobrevivían a estas enfermedades tenían que pagar a veces un precio alto de por vida en  forma de secuelas. Hace muchos años -los informado...

LA ELECTRICIDAD LLEGA A CASTROTIERRA

  En la década de los treinta se realizaron las primeras instalaciones eléctricas en Castrotierra a cargo de la empresa Electromolinera de Valmadrigal.  Hasta entonces se habían usado para iluminar las casas métodos tradicionales tales como velas, faroles, candiles de aceite y gamones, una planta silvestre utilizada como antorcha. Paulatinamente, se fue haciendo habitual en los hogares la presencia de lámparas y el sistema de iluminación mediante bombillas.  La electricidad, sin duda, recibida con satisfacción en el pueblo, era uno de los primeros adelantos tecnológicos modernos que se irían incorporando a la vida cotidiana de los vecinos de esta localidad en años posteriores.

EL PROCESO DE PRENSADO DE LA UVA Y LA ELABORACIÓN DEL VINO EN UNA BODEGA DE CASTROTIERRA

Hace medio siglo, en la bodega que perteneció a Francisco Castellanos, conocido en el pueblo como Paco el Ciego, se elaboraba el vino siguiendo el proceso que vamos a detallar. ) Se lanzaba la uva, que iba dentro de unos cestos de papelera, por el "descargadero". ) La uva caía en el lagar, tras atravesar un túnel. ) Se pisaba la uva dentro del lagar. Una parte de la uva se convertía en mosto e iba a parar al "pilón" por un orificio. ) Sobre el montón de uvas se colocaban troncos de madera de diferentes tamaños, unos sobre otros, formando varios pisos. El último de estos niveles se componía de vigas muy gruesas, algunas de varios metros de longitud y más de cien kilos de peso, llamadas "troncos moínos". ) A continuación, se colocaba una especie de mesa de madera -de una sola pata- invertida llamada "rueda" en un extremo de la viga donde había una hendidura en la cual encajaba perfectamente la pata de la "rueda". ) El siguiente paso era c...

CAZAR RANAS EN EL RIACHUELO

De noche grupos de muchachos se acercaban hasta el riachuelo que cruza sinuoso el valle de Castrotierra. Su objetivo: cazar ranas para después cocinar sus ancas. Primero, los mozuelos se descalzaban, luego dejaban los zapatos a la orilla del "Lagaruso" (el arroyo de Valdemuriel) y los que llevaban pantalones largos se subían la parte inferior de los mismos. A continuación, se introducían en el agua, que les cubría hasta los tobillos en unos lugares y en otros hasta las rodillas o incluso más. Avanzaban con sigilo para no ahuyentar a los batracios, procurando en todo momento no causar ruido. Sentían sus pies mojados y al tiempo que caminaban, iban apartando cuidadosamente los juncos con las manos. Los jóvenes cazadores de ranas, en su avance, formaban una hilera ocultos por su mejor aliado: la obscuridad nocturna. De cuando en cuando uno de los muchachos se agachaba repentinamente para sorprender a su presa. Si la intentona fracasaba, otros cazadores cercanos rápidamente trata...